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El Pequeño Albert: un caso que todo estudiante de carreras de psicología debe conocer


jueves, 19 de agosto de 2021

Entre los casos más famosos de la psicología se encuentra el de el Pequeño Albert, un bebé de 11 meses, ¿sabes lo qué pasó?. Si quieres estudiar psicología, esto es lo que debes saber. 


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En el artículo “¿Eres estudiante de psicología? Debes conocer estos sorprendentes casos clásicos. Primera parte” platicábamos sobre cómo todo estudiante de psicología ya conoce o va a conocer en algún momento de sus años de estudio los casos clásicos y más famosos de estudios psicológicos que se han elaborado a lo largo de la historia. 

Los casos mencionados a continuación, a pesar de haber ocurrido hace uno cuantos pares de años no dejan de ser intelectualmente estimulantes, puesto que hoy en día contamos con grandes avances de tecnología y estudios en el área de la mente y el cerebro humano permiten realizar diferentes análisis y obtener aún más perspectivas de los casos clásicos de la psicología.

En la primera parte hablamos sobre Phineas Gage y cómo debido a un relativamente desafortunado accidente contribuyó con estudios que confirmaron que el córtex prefrontal no es un área no-funcional del cerebro.

También hablamos sobre David Reimer y cómo sin su consentimiento formó parte de un experimento del Doctor John Money para comprobar que la identidad sexual está regida por el contexto social y no la fuerza bilógica. Experimento fallido, cabe aclarar.

El caso de este artículo es ni más ni menos que el de “El pequeño Albert” o “Little Albert”.

Pequeño Albert

Este caso es uno de los experimentos considerados como de los más crueles por falta de ética y moralidad. 

Pequeño Albert era tan solo un bebé de 11 meses cuando en 1920 John B. Watson, padre del conductismo, realizó el experimento para confirmar que las fobias pueden ser condicionadas y aprendidas. El experimento tuvo como base el sistema de aprendizaje asociativo que hoy se conoce como Condicionamiento Clásico, el cual, tiene como soporte el comportamiento de los animales en una secuencia estímulo-respuesta.

Watson partió de la idea de que el ser humano es un lienzo en blanco sobre el que sus experiencias condicionaban todo.

Su objetivo era probar en un bebé de escasa edad y lo menos condicionado posible cómo el ser humano podía adquirir miedos por entornos condicionados. Lo más preocupante de esto, es que nunca logró revocar los efectos de aquellos miedos que inoculó al bebé.

De acuerdo a la opinión de Watson, los niños recién nacidos solo presentan tres sentimientos reconocibles: el miedo, condicionado por los ruidos fuertes y la falta de sustentación, amor, condicionado por las caricias, y la cólera, cuando se les impide realizar movimientos.

La elección para el experimento fue el miedo ya que simplemente era el más fácil de condicionar y probar de los tres. Watson junto con su ayudante Rosalie Rayner encontraron a Albert en el orfanato para niños inválidos Harriet Lane Home. Les resultó un candidato excelente ya que su madre trabajaba como nodriza en ese mismo sitio mientras que el pequeño Albert se criaba en ese entorno hospitalario y frío de cierto modo, brindando la condición ideal para que fuera ese lienzo en blanco que necesitaban. "Nadie lo había visto nunca en estado de miedo o cólera. El niño apenas había llorado desde que nació", afirmaron Watson y Rayner en su estudio, publicado a finales de 1920.



El experimento

A la edad de 8 meses y 26 días, expusieron a Albert a una fogata y a varios animales, y el niño no mostraba temerle a nada. Lloró en esa primera vez cuando Watson golpeaba fuertemente una barra metálica, cumpliendo con lo que había marcado de que los lactantes tienen un rechazo innato a los ruidos bruscos.

Dos meses después se quería ver si se podía influir a Albert para que temiera a distintos estímulos. El primero fue una rata blanca de laboratorio. Cuando se la presentaron a Albert, el niño quiso alcanzarla. La tocó, intentó acercarse más a ella, y en ese momento Watson hizo sonar la barra metálica. El niño se echó para atrás alterado. Lo intentaron una vez más, el niño extendió su mano para tocar la rata, y la barra volvió a sonar. El niño en ese momento comenzó a llorar.

Después de eso, se realizaron tres jornadas aún más duras para el bebé con solo cinco días de lapso entre ellas.

En la segunda jornada, Watson realizó siete intentos para que el niño llorara al presentarle la rata y hacer sonar la barra metálica. En el octavo intento, con tan solo la presencia de la rata el niño comenzó a llorar.

El experimento siguió con dos jornadas más cuando Albert contaba con 11 meses y una última cuando tenía 1 años y 21 días. Eventualmente cambiaron a la rata por un conejo, un perro, o un abrigo de piel. En todos los casos donde los elementos peludos que el niño pudiera asemejar con el tacto de la rata terminaban con Albert llorando, sin necesidad del ruido.

En la última prueba, cuando Albert ya contaba con un año de edad, se agregó al experimento una máscara de Santa Claus, Albert también lloró sin necesidad de ruido.

¿En qué concluyó el experimento?

El último tramo del experimento quedó inconcluso y era el más importante ya que consistía en intentar deshacer todos los miedos que el bebé había adquirido durante este tiempo. 

Según Watson y Rayner, cuando intentaron comenzar esta fase, el pequeño Albert había sido adoptado por una familia de otra ciudad. Ambos fueron despedidos a los pocos meses de la Universidad por los problemas éticos que generó el experimento. Albert acabó con fobias a los perros, a los conejos, y a Santa Claus.

Años después los psicólogos Hall P. Beck y Sharman Levinson en 2009 concluyeron que Albert murió a los seis años de edad por padecer hidrocefalia. Esto se reflejó en forma de una crítica al trabajo de Watson que muchos psicólogos contemporáneos mantienen no solo porque se usara a un niño para sus experimentos y también porque seguramente sus características como un niño sano no eran tales y su capacidad para apenas mostrar miedo y lloros durante sus primeros meses de vida pudieran estar provocadas por un daño neurológico debido a su enfermedad.

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