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¿Cómo fortalecer la participación profesoral?


viernes, 16 de septiembre de 2016

A propósito de la elección del representante profesoral al Consejo Académico para el periodo 2016 – 2018, le preguntamos a los elegidos y a otros profesores sobre la importancia de la participación de este estamento y las responsabilidades de la representación.


Cómo fortalecer la participación profesoral

Mientras en el país se nos convoca a votar en el plebiscito del 2 de octubre y en la Universidad se nos llama a participar de la construcción colectiva del Plan de Desarrollo Institucional 2017 – 2026, distintos profesores identificaron cierta apatía frente a la participación, tanto en el profesorado como en el resto de la comunidad universitaria, a pesar de la larga historia de participación, asociación y movilización con que cuenta la Alma Máter. 

A propósito, en las votaciones del pasado jueves 25 de agosto de 2016 fue elegida la plancha conformada por los profesores Luis Javier Castro Naranjo como principal, y Álvaro León Casas Orrego como suplente, con 190 votos a favor y 29 votos en blanco, en unas elecciones que se realizaron mediante votación universal, directa y secreta. Si bien el potencial electoral era de 1.948 personas, el porcentaje de participación fue del 11.24%. Sumado a este hecho, solo se presentó una plancha. 

“Es una participación pobre”
, señaló Luis Javier Castro Naranjo, profesor de la Facultad de Medicina y representante profesoral electo ante el Consejo Académico, para quien esta figura sirve de puente entre los profesores y la administración de la Institución, “estamos representando a todos los profesores de la Universidad: los que votaron por nosotros, los que no y los que votaron en blanco”. 

Sin embargo, la participación individual y colectiva está consagrada como un eslabón importante de construcción de Universidad, según el artículo 18 del Estatuto General de la Universidad de Antioquia. ¿Qué sucede entonces?

A partir de una investigación sobre cultura política en la Universidad de Antioquia, la docente del Instituto de Estudios Políticos, Deisy Hurtado Galeano, indicó que los universitarios valoran la democracia representativa y consideran que su participación es importante, pero piden que la democracia universitaria también sea deliberativa y participativa. “Lo que resulta paradójico es que cuando se les preguntó si participaban de alguna manera, pocos dijeron hacerlo”.  

Según el estudio no hay una cultura política en singular, sino pluralidad de miradas. Para Deisy Hurtado estudiar la propia casa no es fácil, “quisimos elaborar el mapa de la cultura política de los universitarios para ver cómo se construían los imaginarios de ser democráticos y participativos”. De acuerdo con la investigadora primero hay que desbaratar la idea de que los estudiantes no tienen cultura política o son apáticos por naturaleza: “todos los estamentos debemos preguntarnos qué cultura política tenemos y revaluar esa visión del estudiante como menor de edad, que no sabe de política o no le importa; como si nosotros, docentes y administrativos, sí tuviéramos una cultura política clara de participación”. 

Para explicar esta problemática, Angelina Velásquez Sierra, profesora ocasional de la Facultad de Enfermería, señaló que aunque muchos profesores tienen clara las teorías sobre participación, “al momento de ser parte real de los procesos, dejamos la responsabilidad en manos de los otros y eso nos pasa no solo como profesores, sino como ciudadanos en distintos ámbitos”. Velásquez resaltó la importancia de la representación profesoral como una oportunidad de tener voz y voto en los escenarios donde se toman las decisiones universitarias. 

Por su parte, Jaime Rafael Nieto López, presidente de la Asociación de Profesores y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, opinó que la representación permite llevar los puntos de vista y criterios de los profesores para que puedan tener algún nivel de incidencia en la toma de decisiones; a pesar de ello, “el asunto de la participación y en general de la democracia universitaria es una asignatura pendiente”.

Además de la representación profesoral al Consejo Académico, este estamento cuenta con la representación en el Consejo Superior Universitario, CSU, y en los distintos consejos de las unidades académicas. De acuerdo con Luis Javier Castro Naranjo, cada lunes se realiza una reunión de estos distintos representantes profesorales para poner en común diferentes problemáticas. “Aunque hay unas dependencias que poco participan, otras hacen una presencia permanente”, añadió.

Este fenómeno es preocupante para Sara Yaneth Fernández Moreno, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y suplente de la representante profesoral al Consejo Superior Universitario, María del Rocío Bedoya. La baja participación se da en el peor momento, según Fernández: “la Universidad es un reflejo del país y en medio de esta coyuntura deberíamos estar todos participando. Si renunciamos a eso ¿quién va a tomar las decisiones? Por formación cívica debemos comprometernos, participar y organizarnos”.

Ante la apatía, reconocer un espacio político

Más allá del porcentaje de participación en las votaciones, ese desinterés por hacer parte de procesos colectivos como las representaciones se revela como temor a hacerse responsable.“Le pedimos a los otros que participen pero a la hora de participar no lo hacemos porque eso implica asumir responsabilidades”, indicó Angelina Velásquez Sierra y explicó que esto tiene que ver con el temor de adquirir compromisos o con que las personas han participado antes,“pero sienten que sus aportes no han sido tenidos en cuenta, entonces prefieren desistir; pero no podemos perder la esperanza de que las cosas son posibles”.

Para Deisy Hurtado Galeano, la clave está en valorar la política y ser conscientes de que cada integrante de la comunidad universitaria puede hacer de la Universidad un espacio democrático.“Las personas piden espacios de participación, no solo en la elección de las directivas, sino en la toma de decisiones y demás mecanismos de consulta, participación, deliberación y decisión”, según Hurtado los participantes de aquella investigación propusieron reforzar los procesos de educación política.

Despolitización y modelo de Universidad

Algunos de los entrevistados coinciden en que la falta de participación obedece a un asunto estructural que, en el caso de los profesores, los ha llevado a privilegiar la competitividad y a desentenderse de lo colectivo. 

Para el suplente Álvaro León Casas Orrego, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, la apatía es un problema que afecta la vida académica en general y que se expresa también en la poca asistencia a los eventos.Para explicarlo, Casas se refirió al régimen que, según él, promueve la Ley 30 de educación: “no es en el sentido de la competitividad, sino en la competencia por quién se ubica más arriba en los escalafones o publica más artículos en revistas indexadas”. 

De este modo los profesores están volcados a una carrera individual por puntos y salario, y los procesos colectivos quedan de lado. Casas destacó: “allí subyacen valores del neoliberalismo como el individualismo en vez de la solidaridad. ¿Qué hacer ante esto? Pues un trabajo de concientización sobre la importancia de la misión y vocación profesoral, la formación de las nuevas generaciones y el reconocerse en la Institución”.

En esto concordó Jaime Rafael Nieto, para quien las dinámicas profesorales han puesto en el centro la mejora de las condiciones laborales individuales y no la acción colectiva, “sino en la competencia por la clasificación, en una pérdida de la vida universitaria como totalidad, sumado a una creciente despolitización y a la forma como está diseñado el gobierno universitario para subestimar y no valorar la participación”. 

Gobierno universitario

Según Nieto la mayor parte de los miembros del CSU son ajenos a la Universidad y responden a lógicas externas: “quienes toman las decisiones son el Gobernador, los empresarios, el representante de la Presidencia de la República, del Ministerio de Educación Nacional”. De otro lado señaló una “persistente despolitización del profesorado” como una explicación de la apatía, la cual es “funcional para quienes desean perpetuar ese modelo de universidad gobernada por actores no universitarios.

Por eso las voces críticas pueden intentar remontar la corriente de esa tendencia hegemónica”.
Por su parte, el representante Castro concuerda en que se requiere un nombramiento más democrático y participativo de las directivas de la Universidad. Para Sara Fernández, estos organismos están desequilibrados en su constitución, lo que reduce el peso de los estamentos: “los estudiantes han renunciado a tener la vocería en el CSU; sería una historia diferente si ellos participaran”. 

Al respecto, Deisy Hurtado Galeano señaló que hubo personas que expresaron que las consultas de decanos y Rector deberían ser vinculantes, e identificó como preocupante el hecho de que el Consejo Académico se convirtiera en una instancia administrativa, “hicimos el ejercicio de cuánto tiempo le dedicaban a los trámites administrativos durante el periodo pasado y resultó ocupar el 90% de la agenda del día”. En esto coincide Sara Fernández, “el Consejo Académico debería dar los debates que la Universidad necesita porque reúne a las cabezas de las unidades académicas, esperaría que hubiera una línea de pensamiento pero se ha convertido en una instancia administrativa”. 

Prejuicios sobre la representación y asunto de género

A partir de la revisión de cinco años de actas del Consejo Superior Universitario correspondientes al periodo pasado de la Rectoría, la investigadora Deisy Hurtado Galeano encontró expresiones de descalificación por parte de los demás consejeros hacia el representante profesoral. Desde su interpretación las expresiones peyorativas son una manera de deslegitimar al otro, lo que revela que hay resistencia a lo gremial en las directivas y más allá, en el mismo profesorado. 

Para Sara Fernández este asunto tiene que ver con la inequidad de género. Como primeras mujeres representantes al CSU, Fernández expresó que tanto ella como Rocío Bedoya se han sentido “señaladas, criticadas y discriminadas. La Universidad es muy masculina, patriarcal y vertical, a pesar del número considerable de mujeres no ha habido ninguna de ellas como rectora, ¿Cuál es la razón?”.

Tanto Fernández como Hurtado coinciden en que existen prejuicios sobre la representación profesoral –sea estamentaria o gremial– que están instalados en las unidades académicas y en las autoridades universitarias como una sospecha frente al pensamiento crítico. “Ellas tienen esa doble condición, son representantes y mujeres, y han expresado el maltrato que han sentido”, añadió Hurtado.

Todos estos elementos revelan contradicciones frente a la participación. De acuerdo con la investigación en la que participó Hurtado, el descrédito de la política en un nivel macro hace parecer que esta riñe con la vida académica, como si una excluyera a la otra, lo que ha provocado que las personas se aparten de los debates, aunque cueste reconocer que nada tan político como el proyecto de Universidad. 

La definición y conformación del Consejo Académico como máxima autoridad académica de la Universidad está establecida en el 34 de conformación del Estatuto General, mientras que la elección del representante profesoral está reglamentada por la Resolución Rectoral 38859.  


Fuente: 
http://bit.ly/2cM4ubR




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