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Ana Frank: ¿Quién fue y por qué es importante?



El famoso diario de la adolescente judía ofrecía una visión memorable de la vida en la clandestinidad por la persecución nazi. Los historiadores siguen investigando quién la traicionó. Descubre quién fue Ana Frank y por qué es tan importante.



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En la actualidad, se sigue debatiendo sobre cómo proteger el legado y la memoria de Ana Frank, quien se ha convertido en un símbolo extremadamente significativo del genocidio nazi, aquel que acabó con la vida de 6 millones de judíos y 5 millones de no judíos en tan solo seis años (entre 1939 y 1945).

Hasta el día de la fecha, se han vendido aproximadamente 30 millones de ejemplares del diario de Ana, que se describía a sí misma como un “pequeño manojo de contradicciones”.

¿Quién fue Ana Frank?

Ana Frank fue más que un símbolo, fue una persona única. Era una adolescente perspicaz, inteligente y voluntariosa que tenía enfrentamientos con su madre, se preocupaba porque su cuerpo cambiaba demasiado rápido y soñaba con un futuro mejor.

En las décadas posteriores a su muerte, en un campo de concentración nazi, también se convertiría en una de las escritoras más famosas del mundo entero. Lo que la llevó a la fama fue su diario, del que jamás se despegó, llevándolo consigo dos años de manera clandestina durante la Segunda Guerra Mundial.

Ana fue solo una de todas las personas asesinadas por los nazis, una de los tres cuartos de judíos holandeses que dejaron su vida en campos de exterminio. Un millón y medio de niños murieron en el Holocausto. Entonces, ¿por qué Ana se considera tan importante?


¿Por qué Ana Frank es importante?

Su vida, su cuerpo y lo que significó su muerte se convirtieron en un poderoso símbolo de la Shoah. Ella fue su víctima más conocida. No se trató de que viviera más dolor, o estuviera en una posición diferente. Se trató, siempre, de que aquella adolescente vivaz pudo plasmar en tan solo unas hojas la importancia de ver más allá de las cifras.

Entender que Ana fue Ana porque el resto de las personas que fallecieron también tenían una identidad, un rostro, una historia y una voz. Una voz que, aunque no trascendiera las fronteras de los campos de concentración, estaba ahí. Sin embargo, nadie la escuchó.

Leer el diario de Ana es ponerle una voz al dolor, es invitar a quien se sumerge en las páginas del libro a formar parte de un cotidiano que iba más allá de vivencias desgarradoras. Su inocencia, la frescura de su voz hicieron que el desconsuelo tuviera un asilo en un libro que comenzó siendo el diario de una niña y terminó convirtiéndose en un best-seller.


La historia de Ana Frank

Ana nació en Fráncfort del Meno, Alemania, en el año 1929. Anneliese Marie Frank se trasladó con su familia a los Países Bajos a los cinco años, luego de que Adolf Hitler asumiera el poder alemán. La familia Frank era tan solo una parte de los 25.000 judíos que huyeron de su país producto de la inagotable persecución de los nazis. 

Pero los Frank no estaban seguros en Holanda, tampoco el resto de los judíos. Cuando Ana cumplió once años, Hitler ya había invadido los Países Bajos. El nazismo tomó el control de las instituciones civiles y comenzó a imponer las mismas restricciones a los judíos que les habían impuesto en Alemania.

No podían siquiera utilizar el transporte público, ejercer profesiones o asistir a las mismas escuelas que el resto de la población. Les confiscaron bicicletas, radios y artículos que fueran percibidos como una amenaza. 

Otto, el papá de Ana, estaba cada vez más preocupado por su familia. Consiguió esquivar, tras la invasión, la ley que prohibía a los judíos ser propietarios de empresas. Puso una compañía llamada Opekta, que vendía pectina para cocineros caseros. Sin embargo, cuando intentó obtener una visa para viajar a Estados Unidos, los nazis comenzaron a detener a sus amigos y los llevaron a campos de concentración. En ese momento, se dio cuenta de que había una realidad ineludible: su familia debía esconderse. 

El ático del anexo secreto

Otto logró, mediante la ayuda de sus amistades y varios compañeros de trabajo, esconder a su familia en una vivienda que se encontraba detrás de las oficinas de Opekta. En el mes de julio del año 1942, la familia Frank se trasladó al estrecho apartamento al que Ana denominaría “el anexo secreto”.

Se les unieron, más tarde, la familia Auguste y Hermann van Pels, su hijo Peter y un dentista llamado Fritz Pfeffer. Por más de dos años, los siete residentes del anexo secreto no salieron al exterior. El escondite secreto era real, y la parte más difícil era que nadie jamás decía “basta para mi, basta para todos”.

No había lugar seguro por fuera de ese edificio. Los residentes del anexo se veían obligados a permanecer casi en un silencio absoluto durante el día y luego resistir los ataques aéreos por la noche. Cuando el sol se escondía, se acurrucaban uno al lado del otro para que todos pudieran escuchar las noticias de la guerra, que eran transmitidas por medio de una radio contrabandeada.

Dependían pura y exclusivamente de un grupo muy pequeño de ayudantes. Les compraban comida en el mercado negro y les proporcionaban lo que necesitaran. Estos ayudantes también ponían en riesgo su vida de manera permanente. 


Los detalles que se conocen de cómo era la vida en el anexo secreto salieron a la luz gracias a la documentación precisa de Ana en su diario. Fue su regalo del cumpleaños que pudo festejar antes de que se encontraran en un estado de clandestinidad extrema. A sus doce años, la única posibilidad de ver el exterior era mediante una ventana que se encontraba en el ático del anexo: la única que no se había tapado. 

La familia Frank se escondió en el anexo secreto por dos años, desde 1942 hasta 1944. En el mes de agosto de 1944 fueron capturados y detenidos como consecuencia de las normativas nazis que obligaban a los ciudadanos a traicionar a los escondidos. 


“Veo que el mundo se está convirtiendo poco a poco en un desierto, oigo el trueno que se aproxima, que nos destruirá a nosotros también. No puedo construir mis esperanzas sobre una base de confusión, miseria y muerte.”

Ana Frank


El Diario de Ana Frank

Ana manifestaba en su diario que se sentía como un pájaro cantor al que le habían cortado las alas, aquel que se lanzaba en plena oscuridad contra los barrotes de su jaula. La aspiración de Ana con respecto a su diario era llegar, eventualmente, a publicarlo.

En marzo de 1944 había escuchado una emisión de radio en la que un funcionario de origen holandés instaba a la gente en el exilio a guardar materiales históricos que estuvieran relacionados con la ocupación, la clandestinidad y la guerra.

Ella creía firmemente que diez años después, cuando la guerra hubiera terminado, a la gente le parecería entretenido leer cómo era que los judíos vivían, comían y hablaban. El anexo secreto fue denominado Het Achterhuis, traducido como la casa de atrás, y les asignó seudónimos a cada uno de los residentes y ayudantes. 

La vida de Ana Frank

Un boicot atentó contra su trabajo periodístico la mañana del cuatro de agosto del año 1944. La policía holandesa, junto a oficiales alemanes, asaltaron el anexo secreto. Arrestaron a Ana y a todos los judíos escondidos.

Tras el acontecimiento, el principal enlace de la familia Frank con el mundo exterior, Miep Gies, recogió los papeles que habían quedado esparcidos en el suelo de la casa. Entre ellos, se encontraba el diario de Ana. Como no pudo proteger a la niña, protegió ese diario con su vida, poniéndolo en un lugar seguro.

Ana nunca volvió. Fue primero encarcelada en el campo de Westerbork, luego en Auschwitz (Polonia) y finalmente en Alemania, en la región de Bergen-Belsen. Murió en febrero de 1945. 

El único de los siete residentes del anexo que sobrevivió fue el progenitor de Ana. Regresó a Ámsterdam en junio de 1945. Cuando Gies se enteró de la muerte de Ana, abrió el cajón donde guardaba su diario y se lo entregó a Otto. En 1952 se publicó Ana Frank: The Diary of a Young Girl.